Las vacaciones de invierno son muy esperadas por todos nosotros, ya sea porque amamos viajar o simplemente necesitamos cortar con la rutina. Además, este receso es una oportunidad para sacar el foco de las obligaciones y generar espacios de encuentro y ocio con la familia, con los amigos y, también, con uno mismo.

Sostener las actividades cotidianas sin cortes durante un largo período produce desgaste en las personas aumentando el nivel de estrés. Nuestro cuerpo comienza a registrar el esfuerzo y a cansarse más fácilmente. Por eso, durante la segunda mitad del año todo lo que encaramos se suele sentir “más cuesta arriba”.

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Algunos estudios demuestran que unas mini vacaciones son necesarias y favorecen a la salud, si bien no hay acuerdo en la cantidad óptima de días para un buen descanso. Durante las mismas, se producen ciertas modificaciones en procesos biológicos relacionados con la respuesta al estrés, la actividad del sistema inmunológico y la longevidad.
Hacer cortes periódicos nos permite recuperar energías y disfrutar todo lo que nos proponemos. Si estamos un tiempo prolongado sin descansar, somos más vulnerables a las enfermedades cardiovasculares y otras complicaciones que favorecen el deterioro precoz del cuerpo. Por eso, podemos afirmar que las vacaciones son un factor protector y forman parte necesaria de una vida saludable.

Para que las vacaciones cumplan el objetivo propuesto, es importante tener en cuenta algunas cuestiones.

  • No sobrecargarnos de actividades. Muchas veces comentemos el error de pensar en las vacaciones como un momento para llevar a cabo todas las actividades que quedaron pendientes durante el año. El exceso de planes y de expectativas aumentan la ansiedad generando el efecto contrario y no permite relajarnos.
  • Planificar las actividades que queremos realizar. Visualizar con antelación el tipo de actividades que queremos realizar y planificarlas es una buena estrategia para que los días no vayan pasando “sin hacer nada” o, al contrario, comenzar automáticamente con la rutina habitual; lo que nos llevará a tener la sensación de no haber hecho un “corte”.
  • Mantener una alimentación saludable. El cambio en la rutina y aumento de las actividades sociales suele llevarnos a desajustes en la alimentación. Evitar los excesos es la clave para no perjudicar nuestra salud.
  • Dormir entre 6 y 8 horas de corrido. El descanso es fundamental para lograr una buena recuperación y reparación del cuerpo.
  • Mantenerse activo. Llevar a cabo actividades que permitan mantenernos en movimiento favorecen la sensación de vitalidad y mejoran el descanso por la noche generando un ciclo vital diario más saludable.

No te olvides de consultar a tu médico por cualquier inquietud.

Dra. Florencia Rolandi, Médica Cardióloga, MN 100.667

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