¿Cómo es ser celíaco en el país de los panificados, las milanesas, las medialunas, los alfajores y las pizzas? 5 personas nos cuentan su historia con la enfermedad crónica intestinal más frecuente en la Argentina.

“La desinformación es el desafío principal”

A Noelia Veltri, periodista de 36 años, le diagnosticaron celiaquía hace 7 años, de casualidad, al consultar por un síndrome vertiginoso que no mejoraba. “Fue un shock. No conocía a nadie con la enfermedad y me sentía perdida. Hoy, estoy súper acostumbrada”, cuenta.

Resalta que en los últimos años surgieron más lugares de comida exclusiva para celíacos, más “cosas ricas” y que los productos aptos se consiguen en diversos sitios. “El lado negativo es que la dieta sin gluten se puso de moda como alternativa sana o light y, eso no es correcto y puede ser perjudicial, ya que no es una moda pasajera; es la opción que tenemos las personas celíacas para tener una vida saludable”, señala.

Para Noelia, el desafío principal es la desinformación. “Le comentás a alguien que sos celíaca y te dicen: ‘Comé un poquito, no te va a pasar nada’. Desde mi lugar, trato de explicar lo más posible qué podemos comer y qué no”, concluye.

“En los cumpleaños me llevaba mi vianda”

Martina Osorio tiene 16 años y le diagnosticaron enfermedad celíaca a los 5. Si bien ahora lleva sin dificultades la dieta sin gluten, de chica le costaba porque es “muy fan de las cosas dulces”. “En los cumpleaños todos comían torta, sándwiches de miga, panchos… Yo me llevaba mi propia vianda”, relata.

Confiesa que se sintió excluida, pero con el tiempo notó que las personas comenzaron a conocer más sobre esta condición y a tomar conciencia.

“En casa, todos comemos sin gluten”

Analía Areán es la mamá de Lucio, de 5 años. De chiquito, sufría constantemente de faringitis y laringitis. Con el antecedente de su propio padre celíaco, Analía decidió hacerle a Lucio los análisis que, finalmente, resultaron positivos. El niño tenía muy deteriorado su intestino y el cambio de alimentación debía hacerse lo antes posible.

“Cambiamos la dieta, las viandas para el jardín, los elementos de higiene personal (dentífrico, shampoo, jabón), los utensilios de cocina, las ollas, los coladores, y en casa todos empezamos a comer sin gluten”, detalla.

“Encontrás millones de desafíos en el camino: desde llevarlo a un cumpleaños con una vianda y su propia ‘bolsita’ de golosinas, hasta tener que comprar panificados a un precio mayor. Pero lo que realmente falta es información”, declara Analía. “Vas a una Guardia y el médico quizás no sabe qué remedio recetarte que sea libre de gluten. Para poder incluir a una persona en esta sociedad necesitamos información.

“Voy con el tupper a todos lados”

A Marina Cociffi le detectaron celiaquía después del nacimiento de su primer hijo, hace 13 años. “Me di cuenta de que el gluten está en todos lados, expresa. Hasta un té la descompuso porque la pasta con la que estaba pegado el saquito contenía gluten.

Marina destaca que hoy los productos se consiguen en cualquier lugar ‒supermercados, kioscos y estaciones de servicio‒ y no solo en dietéticas. “Antes, si estabas muchas horas afuera de tu casa no podías frenar en ningún lado a comprarte algo para picotear”, dice.

Para ella, el mayor desafío es la contaminación cruzada, especialmente en restaurantes o en casas ajenas. “En muchos lugares te dicen que te preparan un plato apto para celíacos, pero sucede algo en el camino y la comida llega contaminada con gluten”, explica. Cuenta que una vez le trajeron una ensalada con un pancito de decoración encima. O que tostaron el pan para su hamburguesa en el mismo lugar donde tostaban los panes comunes.

“Aunque hay muy buena voluntad de parte de los comercios, todavía existe desconocimiento en cuanto a la contaminación cruzada y el modo de preparar los platos”, concluye Marina, que va con su tupper a todos lados. “Es la única manera de estar tranquila de que la comida no me va a caer mal”.

“La gente está mucho más enterada”

A Ramiro Araya, mendocino, le descubrieron la enfermedad a los 30 años, al consultar por problemas de acidez y gastritis. “Es difícil ser celíaco en una sociedad acostumbrada a comer pan. Por suerte, la gente está mucho más enterada y prácticamente todos los restaurantes tienen una opción”, remarca.

Hoy, Ramiro lleva una dieta saludable, rica en frutas y verduras, pero le sigue costando encontrar colaciones. “La mayoría de las personas se comen una factura, un pancho o algo. Yo estoy un poco más complicado porque las opciones son acotadas”, termina.

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Ante cualquier duda, no dejes de consultar a tu médico.

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